Todavía quedaban algunos ancianos de aquel tiempo, que platicaban a la luz de una "Raja de Ocote" ,cuando una vez en la pequeña cantina del pueblo de pronto abrió la colgada puerta un Hombre harapiento que llamo la atención por lo "fregado" que se veía.

¡Nadien! le hizo caso,...

Se dirigió derechito al cantinero, sin saludar a ninguno de los presentes y pidió un vaso de su mejor ¡aguardiente! bebió su trago como si nada y pidió otro, cuando iba por el tercero el cantinero altaneramente le pregunto:

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